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Pies

pies

"Sólo quiero que me abraces", es una frase jodida cuando estás desnudo y metido en la cama con otra persona. Entonces pega la espalda a tu pecho, te coge la mano, empieza a respirar cada vez de forma más relajada y tú comienzas a ser consciente del olor de su pelo, de la calidez de su piel, de la curva de sus glúteos contra tu pelvis. Ya digo, jodido. A tu cerebro le da por hacer camangos con la líbido y te pones a pelear con unos genitales que parecen tener vida propia. No quieres despertarla, porque piensas que está dormida, pero, de repente, notas sus pies acariciando tu empeine... y ya no hay forma de disimular.


Todo momento tiene su canción


Discover Diana Krall!


Los pies son un extraño instrumento erótico... perdón, no me he expresado bien, cualquier parte de nuestro cuerpo es susceptible de convertirse en instrumento erótico. Lo que quería decir es que nadie había utilizado conmigo, ni yo con nadie, los pies como instrumento erótico... bueno, he vuelto a expresarlo mal, lo he hecho, pero no como instrumento para acariciar.

Existe una ternura y sensualidad intrínseca en la imagen de unos pies que se tocan y acarician y, al mismo tiempo, una lascivia innegable. Los pies se acarician bajo la mesa, bajo las sábanas, despacio, con cuidado, intentando agarrar con los dedos, olvidando que no podemos. Cuando lo hacemos bajo la mesa utilizamos la caricia escondida, el gesto cómplice, lejos de miradas indiscretas y, sin embargo, a la vista de todos. Cuando lo hacemos bajo las sábanas, pecho contra espalda, los cuerpos se trasmiten el deseo de tocarse de todas las formas posibles, de agarrarse de todas las formas imposibles.

¡Dios!, que ganas de besarla... qué se le va a hacer.

8X

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Colgado a las 13:01 por pervertido y guardado en | 7 tocadas de cojones »